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domingo, 26 de abril de 2009

HAY QUE APRENDER A PERDONAR

Gracias a la motivación que me provocaron las preguntas de mi amiga en el exterior, en el anterior artículo doy a entender que cuando una persona aprende a ver la vida y el tiempo como un todo, empieza a comprender el motivo de su existencia, y comienza a prestar atención a lo verdaderamente esencial e importante y tal como lo expresé allí, en esta oportunidad vamos a tratar acerca del perdón; vamos a conocer porqué es necesario perdonar, como hacer para perdonarnos a nosotros mismos y a quien o a quienes nos hicieron daño.

¿No será que al perdonar, estoy aceptando que me hagan daño?
Perdonar no significa aceptar que un comportamiento fue el adecuado, ni ignorar un daño que ya está hecho. Perdonar significa reconocer que cada persona hace lo mejor que puede en cada momento con la información y herramientas que tiene en ese momento. Es un camino para liberar a la otra persona, y a nosotros mismos. No debemos guardar rencores en el corazón porque nos alejan de la frecuencia positiva y generan en nosotros estados de tensión que producen sentimientos negativos y aquí es donde llegamos a la conclusión de que liberar el pasado es el único camino para volver al presente y poder disfrutarlo.

Es humano equivocarse y es de consciencia elevada reconocer que hubo una equivocación y que lamentablemente esa equivocación nos perjudicó. Perdonar quizás no sea fácil y tal vez nos cueste unos ejercicios y mucho tiempo. Pero lo que es realmente importante es la disposición a perdonar ya que el hacerlo nos reconectamos con nuestra esencia, recobramos nuestra alegría y serenamos nuestra mente.

Sabemos que todos fuimos creados a imagen y semejanza, es decir que todos tenemos características de Dios. Todos nuestros sentidos son una manifestación de Dios en nosotros, la capacidad de escuchar, la de ver, la de percibir, la de sanar y obviamente la perdonar. Hoy vamos a trabajar en ese gran tesoro que tenemos dentro de nosotros y que muchos ignorábamos hasta hoy.

Sí, nosotros somos los creadores de nuestras vidas y de todo lo que en ella ocurre, Dios nos regaló esa capacidad. ¿Cómo ocurre? Todo lo que pensamos y sentimos se manifiesta en nuestra vida, por la ley de atracción. Entonces desde hoy en adelante debemos centrarnos con nuestros pensamientos y emociones en todo lo que queremos en nuestra vida y NO en lo que no queremos.

En otras palabras, debemos cambiar nuestra frecuencia porque en el ser humano existen dos polos: El primero es el temor que responde a nuestro instinto básico de supervivencia y el segundo es el amor que es donde se desarrolla toda nuestra capacidad creadora.

Esto se comprende fácilmente, al analizar que una depresión prolongada puede causarnos un descontrol en nuestro sistema inmunológico. La desesperación y la desesperanza pueden aumentar los riesgos de ataques al corazón y cáncer, acortando la duración de vida, mientras que el amor lo puede estimular a que funcione en plena facultad, es decir que la autorrealización y la alegría la alargan y paradójicamente cada persona que usted perdona le añade más amor a su interior.

Ahora que ya hemos comprendido los beneficios del perdón pasemos a ver como realizar algo que nos parece tan difícil y para ello iniciaré ambientando el tema contando mi propia experiencia:

Hubo una época de mi vida en que siempre fui de las personas que creía que perdonar era imposible, bien recuerdo que siempre decía “El que me la hace me la paga” y “Ojo por ojo, diente por diente” y debido a esto viví cometiendo equivocaciones durante mucho tiempo. Equivocaciones que la vida misma me ha cobrado (En otra ocasión les hablaré de la Ley de la causalidad)

En síntesis, durante muchísimo tiempo estuve totalmente equivocado hasta que años atrás tuve un enorme desengaño y como siempre me ha gustado la lectura, tuve la fortuna de leer un libro del Ex sacerdote Gonzalo Gallo Hernández titulado “La Magia del Perdón” y fue a partir de allí que por primera vez comprendí lo hermoso de aprender a perdonar y me propuse expulsar de mi corazón todos aquellos rencores acumulados. Estando en ese proceso, un buen amigo que conocía de las desdichas que tenía, me regaló “Técnicas de autosanación interna” escrito por el presbítero Pier Paolo Pellegrini y con este bello texto complementé ese nuevo campo que el Creador me permitía conocer. Hoy, doy gracias a Dios y al amigo que puso en mis manos ese texto que me permitió empoderarme del perdón para liberarme de esas cargas emocionales que no me hacían ningún bien.

Precisamente a continuación recomendaré uno de los ejercicios que aprendí a través de esta lectura.

Ejercicio para perdonar y también para el autoperdón
Empecemos nuestro proceso en un lugar donde tengamos tranquilidad, sentémonos, pongámonos cómodos invocando mentalmente la presencia de Dios. Llamémosle a nuestro lado para que él sea testigo directo de nuestro cambio, hablémosle de nuestro deseo de aprender a perdonar y pidámosle su ayuda para que este cambio sea productivo.

Cuando estemos bien concentrados y percibamos la presencia Divina, debemos empezar a evocar el o los detalles que nos causaron tanto dolor (de cualquier tipo de dolor que haya sido) y una vez que surjan en nuestra mente esas imágenes amargas, groseras que nos causaron estragos vendrán unos momentos dolorosos y fuertes, pero no deben de temer, recuerden que Dios está a su lado, está precisamente allí contigo como testigo de sus propósitos. Es en este preciso momento que debemos invocar a la persona a quien deseamos perdonar o que nos perdone para decirle: Hola (NOMBRE DE LA PERSONA) siéntate con nosotros, te he invitado hoy aquí, ante la presencia de nuestro Padre Celestial para hablarte y con él como testigo perdonarte por (AQUÍ DIREMOS LOS MOTIVOS) Oblígate a darte como mínimo media hora para evitar la tentación de salir corriendo. Ten la paciencia de expresar tus sentimientos y escuchar, en tu imaginación, que te responde esa persona. Juega con el diálogo hasta que consigas que esa persona te diga lo que necesitas oír y tú te sientas en paz. Desde ese momento libérala de tu vida, Según sea el caso, dile que la perdonas o acepta su perdón, y dile que ahora a partir de allí podrán tener una relación diferente.

Para terminar, abracen a esa persona, si quieren llorar lloren y díganse con voz autoritaria; esta será mi última lágrima de dolor porque de hoy en adelante me amaré y me cuidaré. Despídanse de nuestro Padre Celestial y de la persona que estuvo allí, pero antes de salir de este trance también perdónense y perdonen a todos los que les hicieron los estragos del ayer porque la clave es perdonarnos el mal que nos hicieron y que después nosotros mismos con nuestro rencor nos hicimos.

A partir de allí y para poder aspirar a ver la luz al final del túnel nos quedaran varias etapas por cumplir en nuestra vida: Estrenarnos como nuevas personas, aceptarnos para reparar y brindarle ayuda al que lo busque.


Deben entender que para que este ejercicio funcione es importante hacerlo por días, por meses y a veces hasta por largos tiempos. Igualmente es probable que en este ejercicio lloren, griten y hasta se sientan culpables, pero no vayan a ceder en su empeño pues solo así vendrá el tan necesitado perdonarse a sí mismo.

El Presbítero Pellegrini dice en su libro, que estas técnicas de autosanación deben tratarse igual que como cuando nos golpeamos donde nos aplicamos algún medicamento de uso externo, generalmente un ungüento que se frota diariamente y con mucha constancia hasta que desaparecen ambos: El ungüento y el dolor. Acá igualmente deben desaparecer de nuestro corazón el rencor y el permanente recuerdo del mal que nos causaron.

Artículo dedicado con mucho cariño muy especialmente a mis hijos. ¡Que Dios los bendiga a todos!

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